Iba a la facu, con el subte, como siempre. Todo genial, tranquilo, hasta que dejé el libro que estaba leyendo para no aburrirme, ya que escuchar música no puedo porque no debería usar auriculares y no da molestar a la gente poniendo la música del celular. Al guardar el libro en el bolso, levanté la mirada y vi un señor con un bastón. Sí, era ciego. Me quedé mirándolo. Analizándolo. Por alguna razón necesitaba saber si era ciego reciente, o si ya provenía hace rato la ceguera. Si seguía acomplejado por la pérdida (Y ahora sí, la palabra es definitivamente esa), o si ya estaba superada. Llegué a la conclusión de que era reciente, que es más, quizás algo viera, y que estaba afectado, no estaba acostumbrado.
El señor, estaba desorientado, y no porque esté perdido. Se lo notaba con pánico. Tenía miedo. Se notaba en su rostro. Me quedé viendolo, y no pude ayudarlo. Quería, pero no lo hice. Me quedé mirándolo. Cómo caminaba, qué hacía. Y pensaba también, qué debería hacer yo. Estaba petrificado. No sabía qué hacer, cómo reaccionar.
Pensarán que soy un idiota, por no haberlo ayudado. Puede ser. Pero alguien me hizo ver la otra cara de la moneda. Me recordó que soy un chico que no hace lo que no le gustaría que otro le haga. Y yo detesto que me traten diferente por mi "discapacidad", entre comillas, luego explicaré por qué. Detesto ser tratado diferente en extremo. Que me gesticulen las palabras falsamente, creyendo que así las entendería mejor, porque puedo leer los labios. Detesto también que me digan "Nada" cuando pregunto si no escuché algo. Si bien la queja es porque me tratan diferente y porque no respectivamente. En ambos casos me aíslan. Y eso es lo que considero una falta de respeto y por eso lo detesto. Soy un chico, lo más humildemente que puedo decirlo, inteligente. Y muy. Sé manejarme a pesar de eso. Pausa acá. Retomo. Volvemos al ciego.
El señor estaba desorientado. Yo mirándolo. Y los demás dónde habrán estado, se preguntan seguro. Porque no somos nosotros dos los únicos que tomamos el subte en hora pico. Exacto. Los demás ni siquiera se percataron que había un ciego. Nadie se giró como me giré yo. Todos siguieron caminando escuchando música, hablando por teléfono. Muy enfrascado en sus vidas como para ver algo más que eso. Eso me indignó. Hay alguien que necesita ayuda, y la gente pasa cual agua del río alrededor de una piedra.
Vuelvo a retomar. No me expliqué por qué no lo ayudé. O quizá no se entendió. No me gusta ser ayudado por ser especial. Por eso no supe cómo actuar. ¿Y si me decía "Yo solo puedo"? Porque yo hubiera hecho algo así. No quería tampoco hacerlo sentir incómodo, o recalcarle su "discapacidad".
Ahora sí, el por qué de las comillas. Quién es más ciego fue lo que empecé a preguntarme. Si el agua, o la piedra. Y llegué a la definitiva conclusión que el agua. La gente que pasó caminando alrededor de él sin haberlo visto (He aquí la palabra mágica: VISTO). Ellos son los ciegos.
Me centro en mí ahora: Soy sordo, sí, no del todo, pero la pérdida es más o menos grande. No elimino la posibilidad de quedar sordo del todo. Pero alguien que amo, me dijo que sin embargo, escucho más que muchos. Entonces. Quiénes son los verdaderos discapacitados es la pregunta que les dejo a ustedes.
"Aureas habent, et non audient" (Oídos tienen, y no escucharán)
