Extraño: - Leo, es hora que te calles. Que te calles y escuches.
Leo: - Qué escuche qué?
E: - Hablaste. Te dije que escuches, que no hables.
L: Intenta percibir algo. Agudiza los oídos.
E: Mirando el cielo.- ¿Ves? ¿Escuchás?
L: - La verdad, no. No escucho nada.
E: - Escuchá mejor. No oigas, escuchá.
L: - Pero no entiendo.
E: - No quiero que entiendas. Quiero que escuches. Primero se escucha, después se analiza, después se entiende. Un paso por vez.
L: - Pero...
E: - Pero. Pero. Pero pero pero pero pero pero. ¿Sabés decir otra cosa?
L: Se queda callado.
E: - Escuchá. Apreciá eso.
(Pasan 5 minutos)
E: - Gracias por escuchar. Que seas feliz.
(El extraño desaparece súbitamente, como una alucinación. Leo se queda solo)
Si alguno entendió qué fue lo que soñé, lo aplaudo. Yo entendí horas más tarde. Horas. Cuando me dijeron, en mi cumpleaños, que estaba muy callado. Callado. Silencio. Y ahí entendí todo. Escuché el silencio. Y no le presté atención. Todo requiere una cierta atención. Hasta el silencio mismo. Que sin existir, está. Presten atención. Y van a saber cómo actuar, siempre.
enero 08, 2013
enero 06, 2013
enero 05, 2013
Batallas
Dicen que un buen soldado es aquel que sabe cuándo rendirse. ¿No les pasó alguna vez que no saben qué batallas pelear? ¿O que no se sienten con fuerzas suficientes como para pelear una después de haber salido victorioso de otra? Es en estos casos donde la vida, por ponerle un sujeto a la oración, más me golpea. En donde más me tambaleo y dónde menos noción tengo de para dónde ir. Y no solamente del lugar a dónde ir, si no de cómo ir. No sé si debería correr, caminar, o trotar. No sé el lugar, no sé el ritmo, no sé nada.
Pero hay veces, que suceden cosas peores todavía. Y es en los casos donde no sabés si bajar los brazos o no. La razón por la cual afirmo rotundamente que es peor, es simple y lógica. A la incertidumbre del lugar y ritmo que mencioné antes, se le suma otra incertidumbre más: la duda entre el sí y el no.
De todo lo que dije antes, se pueden tomar tres posiciones: La positivista, que dice que nunca te tenés que rendir, porque siempre algo aprendés aunque no ganes y eso te sirve para una batalla futura; la negativista, que dice que no pelees más, que te rindas, que ya fue y punto; y finalmente la realista. Qué dice la realista, es una pregunta importante. Dice que hagas lo que sientas. Que uses la intuición.
¿Intuición?
Sí, intuición.
¿Cuál es la moraleja del texto? Que uses lo que de chico te enseñaron a no usar, regido por leyes de memoria y lógica para "educarte" e insertarte en la sociedad. Que uses esa intuición que a muchos se les perdió en la juventud, a la hora de hacer lo que hace todo el mundo. Intuyan. Sientan. Piensen. Reflexionen.
Y más importante aún. Amen.
Pero hay veces, que suceden cosas peores todavía. Y es en los casos donde no sabés si bajar los brazos o no. La razón por la cual afirmo rotundamente que es peor, es simple y lógica. A la incertidumbre del lugar y ritmo que mencioné antes, se le suma otra incertidumbre más: la duda entre el sí y el no.
De todo lo que dije antes, se pueden tomar tres posiciones: La positivista, que dice que nunca te tenés que rendir, porque siempre algo aprendés aunque no ganes y eso te sirve para una batalla futura; la negativista, que dice que no pelees más, que te rindas, que ya fue y punto; y finalmente la realista. Qué dice la realista, es una pregunta importante. Dice que hagas lo que sientas. Que uses la intuición.
¿Intuición?
Sí, intuición.
¿Cuál es la moraleja del texto? Que uses lo que de chico te enseñaron a no usar, regido por leyes de memoria y lógica para "educarte" e insertarte en la sociedad. Que uses esa intuición que a muchos se les perdió en la juventud, a la hora de hacer lo que hace todo el mundo. Intuyan. Sientan. Piensen. Reflexionen.
Y más importante aún. Amen.
enero 04, 2013
Caminos que seguir.
No es muy complicado entender que la vida a veces nos sorprende. A veces para bien, a veces para mal, y a veces al pedo. Nos sorprenden nuestros logros, o nos sorprende a veces haber fracasado aunque estábamos tan seguros de nosotros mismos. Sin embargo, hay cosas que no nos sorprenden. Hay cosas que si bien uno las niega, intenta desterrar, o dejar de lado, vuelven a uno.
Quizás, esté siendo muy abstracto al hablar. Muy vacío de contenido. Muy insulso. Pero no. Si bien pude haber dicho cosas realmente obvias en el párrafo anterior, a todos en alguna parte, algo les llamó la atención. Y de alguna manera, obviamente cada uno la suya, intentaron aplicar lo dicho a sus experiencias.
Pero no estoy intentando generar un clima de autodescubrimiento, si no que el texto apunta en parte, al descargo. Por qué en parte, es una pregunta que también pudieron haber pensado. Pues ahí va la respuesta: Si bien es un descargo propio, mío, a ustedes les llega. Y ustedes, aunque sean dos míseras personas que leen, podrían aplicarlo.
De lo que hablo, señoras y señores, es un tema bastante cliché en los textos de hoy: Los sentimientos. Pero no hablo de los sentimientos en función de qué siento yo por quién o qué dejé de sentir. Hablo de por qué uno siente lo que siente. Por qué a veces nos encontramos con los famosos sentimientos encontrados, que nos imposibilitan continuar nuestro camino hasta que sean resueltos. Debo aclarar que uso el término "resueltos", porque estos sentimientos encontrados, terminan siendo una crisis. Y la gente, lamentablemente, acostumbra a ver las crisis como peligro, olvidándose de su segundo significado.
Los sentimientos encontrados, en mi opinión, son algo tan básico como que el agua y el aceite son inmiscibles entre sí en condiciones normales. ¿Qué quiero decir con esto?. Simple. Llega un punto en la vida, un momento, en el que lo que uno quiere para sí mismo, lo que uno desea con todas sus fuerzas y pasión; no es exactamente lo mismo que lo que uno necesita para poder crecer como persona, y ser feliz. Pero por qué tanto problema con esto entonces, si es tan simple como lo planteé, ¿no?. Esa respuesta también la tengo. Fácil y simple, son cosas diferentes.
¿Quieren quedarse estancados en esa confusión de no saber qué hacer porque no saben lo que sienten? No hagan nada. Esperen. El tiempo lo va a arreglar. Y todas esas justificaciones que la gente pone por miedo a fallar.
¿Quieren salir de esa situación de mierda? Arriesguen. Apuesten. Jueguen sus fichas. Cierren los ojos y recen haber hecho lo correcto. Si no fue lo correcto, tienen otro camino, por descarte, que es el que deberían haber seguido. No pierdan tiempo y empiecen a caminarlo. Si fue lo correcto, felicitaciones, empezaron a vivir de nuevo.
Quizás, esté siendo muy abstracto al hablar. Muy vacío de contenido. Muy insulso. Pero no. Si bien pude haber dicho cosas realmente obvias en el párrafo anterior, a todos en alguna parte, algo les llamó la atención. Y de alguna manera, obviamente cada uno la suya, intentaron aplicar lo dicho a sus experiencias.
Pero no estoy intentando generar un clima de autodescubrimiento, si no que el texto apunta en parte, al descargo. Por qué en parte, es una pregunta que también pudieron haber pensado. Pues ahí va la respuesta: Si bien es un descargo propio, mío, a ustedes les llega. Y ustedes, aunque sean dos míseras personas que leen, podrían aplicarlo.
De lo que hablo, señoras y señores, es un tema bastante cliché en los textos de hoy: Los sentimientos. Pero no hablo de los sentimientos en función de qué siento yo por quién o qué dejé de sentir. Hablo de por qué uno siente lo que siente. Por qué a veces nos encontramos con los famosos sentimientos encontrados, que nos imposibilitan continuar nuestro camino hasta que sean resueltos. Debo aclarar que uso el término "resueltos", porque estos sentimientos encontrados, terminan siendo una crisis. Y la gente, lamentablemente, acostumbra a ver las crisis como peligro, olvidándose de su segundo significado.
Los sentimientos encontrados, en mi opinión, son algo tan básico como que el agua y el aceite son inmiscibles entre sí en condiciones normales. ¿Qué quiero decir con esto?. Simple. Llega un punto en la vida, un momento, en el que lo que uno quiere para sí mismo, lo que uno desea con todas sus fuerzas y pasión; no es exactamente lo mismo que lo que uno necesita para poder crecer como persona, y ser feliz. Pero por qué tanto problema con esto entonces, si es tan simple como lo planteé, ¿no?. Esa respuesta también la tengo. Fácil y simple, son cosas diferentes.
¿Quieren quedarse estancados en esa confusión de no saber qué hacer porque no saben lo que sienten? No hagan nada. Esperen. El tiempo lo va a arreglar. Y todas esas justificaciones que la gente pone por miedo a fallar.
¿Quieren salir de esa situación de mierda? Arriesguen. Apuesten. Jueguen sus fichas. Cierren los ojos y recen haber hecho lo correcto. Si no fue lo correcto, tienen otro camino, por descarte, que es el que deberían haber seguido. No pierdan tiempo y empiecen a caminarlo. Si fue lo correcto, felicitaciones, empezaron a vivir de nuevo.
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